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Los términos y condiciones ahora son más largos que la Biblia
Análisis: la cláusula 4.812.b cede tu sombra a la empresa. Kafka la leyó entera. Kafka ya no es el mismo.
Leí los términos y condiciones enteros. Los leí TODOS. Kafka ya no es el mismo. Y no exagero con la longitud: hay estudios que muestran que algunos contratos de servicio superan en palabras a obras de Shakespeare como Hamlet, y que leer todas las políticas de privacidad que aceptas en un año te costaría del orden de 200+ horas —decenas de días laborales (McDonald & Cranor lo calcularon ya en 2008).
Por eso "Sí, he leído los términos" es, según la investigación, la mentira más grande de internet: en un experimento famoso (Obar & Oeldorf-Hirsch), la mayoría aceptó una cláusula que cedía el primogénito y otra que entregaba sus datos a una agencia, simplemente porque nadie lee. La longitud no es accidental: un texto que nadie termina es un texto donde puedes esconder cualquier cosa.
¿Qué esconde la cláusula 4.812.b? Normalmente cuatro tipos de sorpresa que sí importan: (1) Licencia sobre TU contenido —qué pueden hacer con tus fotos, textos o datos. (2) Renuncia a demandas colectivas y arbitraje obligatorio —renuncias a ir a juicio sin enterarte. (3) Compartir datos con "terceros" —el eufemismo de la industria. (4) Cómo y cuándo pueden cambiar el contrato (a veces, cuando quieran, sin avisarte de verdad).
Estrategia de lectura para humanos con vida: no leas todo, busca. Usa Ctrl+F y caza estas palabras: "terceros", "arbitraje", "colectiva", "licencia", "cancelar", "reembolso", "datos". En treinta segundos sabes más que el 99% que pulsó "Acepto". Hay además proyectos (tipo "Terms of Service; Didn’t Read") que resumen y puntúan los contratos de servicios populares.
Conclusión desde la cañería: la letra pequeña es larga a propósito, porque el aburrimiento es la mejor caja fuerte. No tienes que leer la Biblia entera; solo tienes que saber en qué versículos esconden el truco. Busca, no leas. Y desconfía de todo párrafo escrito para que te rindas.